Informaron en los medios de comunicación y las diferentes plataformas pumas

Durante la pandemia, l@s académic@s universitari@s se apegaron a la ciencia

En medio de la incertidumbre sobre si había que utilizar cubrebocas o no, o quiénes debían vacunarse primero, ellas y ellos estuvieron ahí para aclarar las dudas de la gente

Antonio Lazcano. Foto: Diana Maldonado.

En medio de la incertidumbre que generó la pandemia de la Covid-19, la UNAM dio certeza a la sociedad. ¿Usar cubrebocas? ¿La vacuna es segura? ¿Quiénes deben vacunarse primero? Los científicos universitarios estuvieron en los medios de comunicación y en las diferentes plataformas de la Universidad para aclarar las dudas de la población.

Antonio Lazcano, profesor emérito de la Facultad de Ciencias, señaló que con la pandemia aprendimos que la ciencia es un elemento esencial en toda sociedad contemporánea. Y, en entrevista, advirtió: “No podemos caer en manos de gobernantes populistas que desdeñan el conocimiento científico”.

Recordó el programa de televisión La UNAM responde, en el que los académicos explicaron a la sociedad la evolución de la pandemia. “Eran episodios estupendos, y todos íbamos con un poco de temor por el riesgo de contagio”.

La vacuna

El ganador del Charles Darwin Distinguished Scientist Award 2013 y honoris causa por la Universidad de Milán destacó el papel de Katalin Karikó en el descubrimiento de la vacuna contra la Covid-19: “Fue deslumbrante. Ella llegó como refugiada a Estados Unidos, tenía una formación muy sólida en biología molecular, propuso el concepto de vacuna del ARN (ácido ribonucleico, molécula que contiene información genética y que se encuentra en todas las células vivas) mensajero, que es algo muy audaz”.

Lo que realizó Katalin Karikó, explicó, “fue que en lugar de hacer una vacuna contra las proteínas para que genere anticuerpos, hizo una vacuna de ARN mensajero, inyectándola en la célula. De esta manera, la célula empieza a producir las proteínas del patógeno e inmediatamente se generan anticuerpos”.

Karikó trabajó en la sombra, luchó contra cucarachas en un laboratorio sin ventanas y se enfrentó a burlas e incluso amenazas de deportación de sus jefes y colegas. Nunca vaciló en su creencia de que una molécula efímera y subestimada llamada ARN mensajero podría cambiar el mundo, dice el prólogo del libro Rompiendo barreras: Mi vida dedicada a la ciencia, la autobiografía de Katalin Karikó, Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2023.

Karikó escribió que los esfuerzos de cientos de científicos lograron encontrar una vacuna contra la Covid-19 en menos de un año. “Antes de este momento, la vacuna más rápida jamás desarrollada fue la que es contra las paperas, en la década de 1960. Hicieron falta cuatro años. Pero a principios de 2020 el mundo estaba cerrado. Las economías enteras se estaban derrumbando”. No parecía haber esperanzas.

Para Lazcano fue una lección maravillosa sumergirse en el mundo de las pandemias, la epidemiología y la inmunología, “como biólogo, veo eso no como un problema de salud, sino como uno evolutivo. Cuando un virus brinca de un murciélago o un caballo hacia nosotros es un problema evolutivo, cuando se multiplica y cambia es un problema evolutivo. La gente ni se daba cuenta, pero todos se volvieron darwinistas: miren ya no es la variante alfa, sino es beta y luego delta, decían”.

Y trabajó desde casa, no dejó sus clases en la Facultad de Ciencias ni sus seminarios en El Colegio Nacional. Como el resto de la comunidad universitaria, no se detuvo. Las lecciones continuaron por Zoom.

Vivimos en una contradicción absoluta, acotó. “Nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido tantos instrumentos para caracterizar en términos moleculares, epidemiológicos, a los patógenos; nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido los recursos para hacer vacunas en tan poco tiempo”.

Y aun así “estamos viendo la aceptación de valores pseudocientíficos, el desdén del papel de los expertos y su preparación. Y en momentos en que simplemente por la globalización económica que está viviendo el mundo, los patógenos, los virus, se transportan muy rápidamente. Tenemos la amenaza de la gripe aviar, el problema de la viruela símica y las dudas sobre si Uganda podrá controlar o no los brotes de ébola”.

Y aunado a lo anterior, Estados Unidos, “uno de los países que tiene uno de los sistemas de salud más poderosos, está haciendo a un lado todo ese conocimiento científico”, concluyó.

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