Las caídas de la “red” evidencian nuestra fragilidad y dependencia tecnológica
A 25 años del temor a que internet colapsara, el miedo sigue presente en los usuarios; entre más utilizamos la web, mayor es esa sensación
Académicos de la UNAM alertan sobre el alto grado de dependencia digital que mantiene la sociedad contemporánea.
“La tecnología parece funcionar sin problemas, pero cuando ocurre un fallo, se pone de manifiesto nuestra vulnerabilidad. Eventos recientes, como ataques cibernéticos o errores masivos en empresas tecnológicas, han demostrado lo dependientes que somos de estas herramientas y cómo su interrupción afecta tanto a individuos como a organizaciones”, señaló Leopoldo Vega Correa, director de Telecomunicaciones de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC) de la UNAM.
A 25 años del cambio de siglo, el llamado Y2K, conocido como el “problema del año 2000” o “error del milenio”, fue una preocupación global que surgió en la década de 1990 a partir de cómo se programaban las fechas en los sistemas informáticos. Muchos de ellos utilizaban sólo los dos últimos dígitos para representar los años (por ejemplo, “99” para 1999), lo que generó temor de que al llegar el año 2000 las computadoras lo interpretaran como 1900, causando fallos masivos en los softwares y hardwares que dependían de cálculos basados en fechas.
El miedo al Y2K fue considerable y generó un ambiente de ansiedad global en los años previos al cambio de milenio. Se temía que el problema afectara sistemas críticos como bancos, aerolíneas, hospitales y plantas de energía, provocando apagones, interrupciones en el suministro de servicios esenciales y accidentes tecnológicos. Aunque el impacto fue mínimo, gracias a las medidas preventivas, esta experiencia dejó en evidencia la profunda dependencia de la sociedad frente a la tecnología y la fragilidad de sus sistemas.
El pánico también fue alimentado por los medios de comunicación y la especulación pública, que imaginaron escenarios apocalípticos. Algunas personas almacenaron alimentos, agua y dinero en efectivo, temiendo un colapso de los sistemas económicos y sociales. Sin embargo, al llegar el 1 de enero del año 2000, los efectos fueron mínimos. Esto llevó a algunos a cuestionar si el miedo al Y2K fue desproporcionado, aunque muchos expertos coinciden en que el impacto reducido fue el resultado de los esfuerzos de mitigación.
Leopoldo Vega Correa comentó que el nerviosismo y el miedo hacia posibles fallos tecnológicos siempre han estado presentes, y mientras más utilizamos las redes, mayor es esa sensación. Dijo que las operaciones financieras y bancarias en línea ilustran cómo la tecnología está intrínsecamente vinculada con aspectos clave de nuestra vida.
“Actualmente, el 72 % de los internautas reconoce haber realizado alguna transacción bancaria en línea, lo que refleja la confianza y explica los temores relacionados con posibles fallos en la web”.
El experto, quien realizó estudios de posgrado en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, afirmó que la red de internet actual es muy estable. Desde sus orígenes en 1969, con el proyecto ARPANET (Red de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada, por sus siglas en inglés) desarrollado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, organización del Departamento de Defensa de Estados Unidos, la red fue diseñada para mantener la conectividad a través de múltiples rutas, incluso en caso de ataques durante la Guerra Fría. Si bien la infraestructura ha evolucionado, los principios fundamentales de estabilidad y redundancia permanecen vigentes. A pesar de lo anterior, Vega Correa reconoció que la dependencia digital actual genera preocupación.
El 72 % de los internautas reconoce haber realizado alguna transacción bancaria en línea, lo que refleja la confianza y explica los temores relacionados con posibles fallos”
Leopoldo Vega Correa
DGTIC
Al cuestionarlo acerca del temor al colapso de internet y su impacto, el ingeniero, quien también cuenta con el diplomado en Desarrollo Directivo y en Sistemas de Gestión de la Calidad en la Administración Universitaria, relató que este miedo podría existir, aunque no necesariamente se perciba en el día a día. “Sin embargo, entiendo que esta preocupación puede surgir por ejemplo cuando algo escapa a nuestro control o nos enfrentamos con áreas donde no tenemos un conocimiento específico”.
Lo anterior, recalcó, se relaciona con una tendencia humana: nuestra fascinación por teorías de conspiración o la idea de que alguien más controla aspectos claves de “nuestra vida, como nuestra información o decisiones. Este tipo de pensamiento puede alimentar la sensación de vulnerabilidad, incluso si no es evidente en nuestra rutina diaria, donde la tecnología parece funcionar sin problemas”.
En cuanto a la evolución de internet en este sentido, aplaudió varios avances significativos desde su creación. Entre ellos, el aumento de dispositivos conectados, la expansión de la infraestructura mediante cables submarinos, la mejora en la seguridad con protocolos más robustos, y el desarrollo de servicios en la nube. “Todo esto ha optimizado la conectividad, velocidad y resiliencia de la red, permitiendo aplicaciones multimedia como el streaming y el uso de satélites de órbita baja que garantizan el acceso global”.
Detalló que el problema reside en que la percepción cambia radicalmente cuando ocurre un fallo. “Las caídas importantes de la red, por ejemplo, nos muestran lo frágiles que somos en un mundo tan dependiente de la tecnología. Un caso evidente consiste en los ataques cibernéticos, como el secuestro de computadoras (ransomware). Estos eventos afectan a empresas y usuarios por igual, no sólo porque pierden datos, sino también por la amenaza de que esa información sea publicada o quede inaccesible, a menos que se le pague a los atacantes”.
Y agregó: “Imagina que, de repente, no tienes acceso a tu computadora, tus fotografías, tus estados bancarios o tus correos. Aunque parezca lejano, cuando algo así sucede, se convierte en una experiencia aterradora y global. Incluso problemas más comunes, como fallos en los servicios de correo electrónico o plataformas de validación, pueden ser catastróficos”.
Recordó que hace algunas semanas una gran empresa tecnológica experimentó un fallo masivo que dejó por horas a millones de usuarios sin acceso a sus servicios, lo cual interrumpió agendas, comunicaciones y procesos de trabajo, todo debido a un problema en una actualización de software.
“Este tipo de eventos nos hacen conscientes de nuestra dependencia tecnológica. Si bien en la cotidianidad podemos sentir que todo está bajo control, cuando ocurre un incidente, nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad. Además, estos problemas suelen amplificarse por los medios y las redes sociales, creando una percepción de miedo global que afecta todo”.
Otro ejemplo de esta fascinación lo podemos encontrar en Hollywood, donde no faltan películas que narran cómo armas apocalípticas emiten pulsos electromagnéticos (PEM) a gran escala, y en su narrativa pueden dejar a la sociedad en un gran apagón tecnológico. Imaginen lo que esto podría significar en el mundo actual.
Como conclusión, Vega Correa aclaró que en este ámbito es oportuno mencionar que los PEM son eventos reales y raros en la naturaleza, ocurren cuando hay tormentas solares masivas que generan perturbaciones geomagnéticas y han llegado a dañar alguna infraestructura eléctrica y de telecomunicaciones; también, algunos países han creado armas que emiten estos pulsos, pero hasta hoy con un impacto muy limitado.
Más que pensar en el pánico de que se acabe internet, el verdadero miedo debe enfocarse en las finalidades que se persiguen con la forma actual de cómo lo usamos y entendemos”
Raúl Anthony Olmedo Neri
FCPyS
Por su parte, Raúl Anthony Olmedo Neri, sociólogo y académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, señaló que el temor a no poder acceder a la web no es únicamente tecnológico, sino que refleja preocupaciones humanas más profundas. Según su análisis, el miedo al colapso de internet está vinculado a la sensación de pérdida de control, el acceso a la información y la comunicación global, elementos fundamentales en nuestra sociedad contemporánea.
Olmedo Neri explicó que estos temores colectivos son fenómenos históricos que combinan factores tecnológicos, culturales y simbólicos. Comparó el Y2K con otras interpretaciones apocalípticas, como las profecías mayas de 2012, para mostrar cómo ciertos eventos adquieren significados simbólicos que alimentan la paranoia. Además, subrayó que la percepción de estos fenómenos varía según el contexto cultural y educativo de cada sociedad.
El académico de la FCPyS describió que, en México, por ejemplo, la fuerte influencia cultural y la dependencia tecnológica generan un entorno propicio para la ansiedad colectiva ante eventos relacionados con la tecnología. Destacó que esta dependencia no es únicamente funcional, sino también psicológica, especialmente entre jóvenes que han crecido con dispositivos electrónicos como parte esencial de sus vidas.
El sociólogo aceptó que la falta de acceso a internet, ya sea por censura, desastres naturales o fallos en la infraestructura, podría desencadenar psicosis social en México, evidenciando nuestra fragilidad ante la desconexión. A medida que la tecnología avanza, reflexionó, es crucial fomentar una educación que permita a las personas entender y manejar de manera crítica su relación con las herramientas digitales, reduciendo la ansiedad y fortaleciendo la resiliencia social frente a posibles interrupciones.
“Este tipo de situaciones también podría darse en contextos políticos, como la censura digital, un fenómeno que ya se ha observado en países como Venezuela o Brasil. La falta de acceso a internet no sólo afecta la comunicación, sino que pone en evidencia la dependencia estructural de la sociedad hacia esta tecnología”.
El experto universitario apuntó como reflexión final: “Más que pensar en el miedo de que se acabe internet, creo que el verdadero temor debe enfocarse en las finalidades que se persiguen con la forma actual de cómo lo usamos y entendemos. ¿Quién tiene internet? ¿Quién lo produce? ¿Quién lo garantiza? Ya sabemos que tiene dueños que son las empresas que han invertido grandes cantidades de dinero para hacerlo un espacio redituable. Entonces, más allá del pánico a perderlo, el verdadero problema radica en cómo se está utilizando en la sociedad actual”.